Archivo de Febrero 18, 2008

A mí me ocurre…

 

…,es mas, creo que nos ocurre a todos. Nos damos cuenta del valor de las cosas cuando ya no las tenemos o del aprecio a una persona cuando esta lejos o desgraciadamente ya no está.

Afortunadamente esto me sucede cada vez que regreso a mi ciudad natal, Santander. Las sensaciones que trasmite aparentemente no cambian, es mas siguen siendo las mismas calles, con otras farolas, los mismos parques, pero distintos bancos y modernos columpios, el trafico de siempre en las horas punta, las obras injustificadas…y lo que detestabas de ella y te encantaba sigue ahí, invariable al tiempo.

Lo que cambia es mi visión y que ahora he pasado de ser un ciudadano a un desplazado (una de las muchas palabras tan feas adquiridas por la administración) o turista ocasional (mucho mas fino). Y si, digo turista porque en los puentes o en las vacaciones empiezas a realizar actividades mas propias de un turista pertrechado de su gorro, sus guías y su bandolera…que quiere aprovechar al máximo sus días de estancia. Ese turista al que yo observaba extrañado sacando fotografías, admirando vistas, monumentos o paisajes que para mi no existían.

Es mas, mi visión cambia hasta el punto de disfrutar incluso de lo que detestabas solo por el hecho de ya no tenerlo y echarlo de menos: la lluvia casi incesante encadenando un día tras otro, el fuerte viento procedente del Mar Cantábrico, el canto de las hambrientas gaviotas a primera hora de la mañana, el sube y baja por las cuestas santanderinas…eso que siempre me ponía de mal humor y que ahora recuerdo con nostalgia.

En mi opinión es un sentimiento que todos deberíamos experimentar al menos una vez en la vida y que a modo de intercambio, cual beca Erasmus, deberíamos vivir un tiempo en otro hábitat…ya sea el campo, otra ciudad, otro continente… creo que para valorar lo que tenemos no solo debemos contemplar sino también comparar.

Por tanto lo que para muchos es negativo, que para mi en un primer momento podía serlo, por el hecho de tener que hacerlo obligado por las circunstancias se ha convertido en una gran experiencia que de momento no tiene fecha de caducidad y por el precio de uno he ganado dos: Madrid y mi querida Santander.